Centenari enric valor

dimarts, de febrer 26, 2008

Debate de gestos con la historia final de una niña feliz









inSurGente (A.M.)
He tomado notas durante los más de 90 minutos que ha durado el debate de los dos únicos candidatos a la presidencia del gobierno: Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Más allá de la comparación de datos económicos contradictorios que incluían gráficos espectaculares que los dos mendas enseñaban a las cámaras, y de los enfrentamientos ya casi rutinarios con los que ambos candidatos intentan demolerse, solo el morbo alimentó la expectativa de los televidentes que difícilmente soportarán la segunda ronda prevista para el lunes que viene. Cómo era de esperar en una campaña electoral como ésta, los silencios fueron mucho más significativos que las palabras. Aparte del cierre compartido a cualquier política no represiva sobre Euskadi, nadie pudo apreciar el menor rastro de “proyecto político” en ninguno de los candidatos.


Durante los próximos 7 días los medios de comunicación de nuestra “democracia avanzada” se emplearán a tope para elevar de nuevo el interés ciudadano y convencernos de que toda la sabiduría del país estará presente en el definitivo debate entre los señores Zapatero y Rajoy.


Economía y empleo

Los candidatos no podían mencionar “la bicha” de la “crisis económica”.

En esas condiciones Rajoy intentó que los malos índices económicos de los últimos meses sirviesen de imagen global del gobierno Zapatero, y Zapatero utilizó los datos macroeconómicos globales para encubrir los preocupantes datos sobre la actividad económica de los últimos meses en los que se han empezado a percibir los efectos de la crisis.

Rajoy insistió en las subidas de precios, en el incremento de los tipos de interés en las hipotecas y en el crecimiento del paro. Zapatero replicó aceptando el “momento de desaceleracíón económica mundial”, e insistiendo en de la buena salud con la que nuestra economía podía asumir el reto.

Ninguno de los candidatos habló de la precariedad en el empleo, del estancamiento de los sectores motrices de nuestra economía de servicios y especulación inmobiliaria: la construcción y el turismo.

Ningunos de los dos candidatos mencionó las consecuencias previsibles en una crisis económica, de una recesión severa, que ya dan por segura los principales economistas y las pricipales instituciones económicas internacionales.

Al no asumir la crisis tampoco hicieron la menor referencia a la existencia de un programa económico que respondiese a ella.

La consecuencia es poco menos que pavorosa: ninguno de los dos posibles equipos de gobierno va a ser capaz de gestionar una economía en crisis para buscar el menor sufrimiento posible de los ciudadanos.


Políticas sociales

Mariano Rajoy quería rascar votos del racismo y de la xenofobia con la exposición de su teoría sobre la emigración:

Los extranjeros que emigran a nuestro país son los más necesitados. La consecuencia de ello es la ampliación de la demanda de servicios sociales; en consecuencia los recursos públicos se quedan cortos.

Es necesario, por lo tanto, el establecimiento de un orden y un control severo de los procesos migratorios.

Somos es el segundo país del mundo en la recepción de inmigrantes. ¡Esto es una avalancha!

Los permisos de residencia se han duplicado durante el gobierno Zapatero, eso crea problemas de distribución de recursos y de satisfacción de necesidades sociales. Rajoy enfrentó claramente los intereses de los inmigrantes con los de los nacionales, el de los extranjeros con el de los ciudadanos.

En la identificación de la delincuencia con la inmigración Rajoy fue mucho más allá. “Importamos delincuentes”, afirmó ya en la intervención de apertura. El 30% de la delincuencia es extranjera, en Cataluña el 40%, sentenció más tarde.

Aunque Zapatero acusó con razón a Rajoy de xenófobo: “ustedes quieren hacer firmar a los inmigrantes un papel en el que se declaren delincuentes potenciales”, tuvo también una respuesta lastimosa y cobarde: “Nosotros hemos repatriado a 200.000 inmigrantes más que ustedes”.

El resto del debate en éste bloque de las “políticas sociales” fue menos significativo. Zapatero insistió en el crecimiento de las inversiones educativas, la aprobación de la ley de Igualdad, y la aprobación de la Ley de Dependencia, y acusó certeramente al PP de frenar toda la ampliación de los derechos sociales y ciudadanos: divorcio, aborto, matrimonios homosexuales.

El gran debate sobre la educación pública y sobre los procesos de privatización quedaron también marginados demostrando la existencia de un consenso básico entre los dos candidatos. Tampoco se discutió sobre la enseñanza laica y las pretensiones de control educativo que ejerce la Iglesia.


Euskadi y política de seguridad

Rajoy lanzó toda una diatriba contra la política antiterrorista de Zapatero. Tachó al presidente del gobierno de frívolo, de mentiroso, de hacer posible la supervivencia de ETA y de facilitar la entrada de la organización en los ayuntamientos y en el parlamento vasco.

Zapatero fue incapaz de defender la apertura de un proceso de negociación en Euskadi, ni proporcionó explicación alguna sobre su fracaso, más allá de la acusación a Rajoy de boicotear, desde el principio, los esfuerzos del gobierno.

Zapatero –que trabajó lento cobarde para la paz, y rápido en el proceso de ilegalización de la izquierda abertzale para impedir su intervención en las elecciones-, permitió la identificación que hizo Rajoy de todas las organizaciones de la izquierda vasca con ETA.

Esta fue la principal victoria política del PP al margen de los resultados de las próximas elecciones. El debate fue desolador en este punto porque se transmitió al electorado la idea común de la inexistencia de un problema político en Euskadi.

Zapatero apenas se atrevió a mencionar los casi 200 muertos de los atentados del 11 de marzo de 2004, como haber absoluto de la política militarista, fascista e imperiodependiente de Aznar y como parte del patrimonio político de Rajoy. Tampoco mencionó a las víctimas acosadas y perseguidas por el PP porque se negaron a ceptar el fraude salvador para Aznar de la autoría de ETA. Los intentos reiterados de manipulación judicial, que realizaron políticos y medios de comunicación afines al Partido Popular, construyendo teorías conspiratorias, tampoco fueron mencionados, a pesar de la extrema gravedad penal de estos hechos. La subordinación de fondo al mismo impulso de obediencia imperial de Aznar, que ha ostentado Zapatero, ha impedido una acción judicial completa y ejemplar en relación con los atentados de los trenes de cercanías de Madrid.

En asunto de “la seguridad”, ambos pujaron por haber propiciado, desde sus pasadas responsabilidades de gobierno y ministeriales el aumento del número de policías y de guardias civiles.

Rajoy aprovechó de nuevo las referencias a seguridad para mencionar de nuevo a “las bandas organizadas de delincuentes extranjeros”, remachando un tema propicio para la exaltación del racismo y de la xenofobia.


Política exterior

Si el debate global ha sido desolador por la ausencia de ideas y de contenidos, el de política exterior fue realmente vergonzoso.
Zapatero se limitó a recordar, sin demasiado énfasis por cierto, la política militarista de Aznar y su intervención en “guerras ilegales” (por cierto, a pesar de que la referencia casi le abligaba a ello, Zapatero no mencionó a los EEUU ni tampoco al presidente Bush, como responsables únicos de estas guerras de conquista y sumisión, ni dijo una sola palabra de los cientos de miles de víctimas que han provocado, más allá de su evidente ilegalidad internacional).

Para aumentar la vergüenza de los ciudadanos que vieron el debate, Rajoy acusó a Zapatero de apoyar a “Chávez y a Castro” y el presidente del gobierno asumió el desprecio fascista de Rajoy por Cuba y Venezuela.

Insistiendo en la indignidad, Zapatero mencionó como supremo gesto “patriota y de principios democráticos” la defensa de Aznar que hizo en Chile, y su apoyo al agravio que Juan Carlos de Borbón y Borbón y Borbón, infirió a América Latina. Con eso, Zapatero no sólo sentenció el derecho de los ex presidentes españoles –por el sólo hecho de serlo- a inmiscuirse en los asuntos internos de los países de América –llamando incluso a las intervenciones militares y defendiendo la injerencia imperial-, sino que volvió a asumir la representación exclusiva de las grandes transnacionales españolas que están esquilmando a los países del continente.


Política institucional y conclusiones

El bloque sobre “política institucional” nos permitió observar el peso que tiene sobre Zapatero una interpretación “neofranquista” de la historia de España en la que Rajoy se remontó a los Reyes Católicos.

Igual de cobarde estuvo Zapatero cuando se negó a defender con una sola palabra la necesidad de una ley de memoria histórica que el fascista Rajoy vitupero una y otra vez.

Las conclusiones fueron indignas de cualquier atención ciudadana.

Rajoy nos contó la historia, prefabricada por sus asesores, de una “niña española” que cumplia en su vida las aspiraciones del candidato “popular2 a la presidencia del gobierno: “una niña española que tiene una familia, que tiene una vivienda, y cuyos padres tienen trabajo, que puede pasear por el mundo orgullosa de ser española porque sabe idiomas…”. Un bizqueo inoportuno –tal vez provocado por la evidente y ridícula demagogia de su discurso- le estropeó en gran parte el impacto de esa historieta en el sector más estúpido de la audiencia.

Zapatero, más discreto, nos gratificó con una relación sobre el cumplimiento de las “promesas” con las que llegó a presidente del gobierno

2 comentaris:

..::SirgóboL::.. ha dit...

Ami lo que más me hizo gracias fue:

-Que Rajoy no sabía que era un bonobús (como siempre van en limusina, normal xD)

-Y la cara de mono-gorila desdentado que ponía este cuando terminaba de hablar xDD

y ZP como no, haciendo alarde de su fama de bambi xDD


estuvo entretenido, pero no hubo pedradas ni arañazos ni golpes ni ná de ná =(

Anna Garcia ha dit...

Hola. No és que m'importe massa, però... part de les meues arrels sóc de l'Alcoià i del Comtat, m'encanta anar per allà, i més que a casa, m'ofen, entre cometes, o sense elles, quan algú parlà això que no és autòcton. Sobretot si qui escriu és nacionalista...
Salutacions!